Archivos Mensuales: diciembre 2012

La religión condiciona la percepción visual.

Aunque en un principio el texto y experiencias en los que se basa el post, parten de diferentes creencias religiosas, me parece algo que se puede aplicar a cualquier marco de creencias, así que lejos de usarlo como una crítica contra la religión, mi intención es ayudar a la reflexión de cómo nuestras creencias nos “ayudan” a percibir una “realidad” no necesariamente compartida por quienes nos rodean.

Como muy bien caricaturizaron en la película Erik el Vikingo, donde la convivencia entre las creencias de un monje cristiano evidenciaban ciertas “incompatibilidades visuales” con sus compañeros de viaje vikingos… (no encontré la escena del dragón marino, pero esta también sirve):

 

 

 

El caso es que nuestras creencias tienden a crear un filtro de percepción que amolda nuestras percepciones a lo que damos por sentado que son verdades irrefutables. Nuestras creencias lejos de ser exclusivamente de índole religiosa, pueden abarcar temas como la política, los deportes, la historia, la ciencia, etc. Esta percepción sesgada de la realidad, o de una realidad más completa o compleja, se ve reforzada en cuanto más nos relacionamos con individuos que sostienen nuestras mismas creencias, en un proceso de retroalimentación continuo, que en determinadas circunstancias o bajo presiones, suele llevar a la radicalización de las mismas y algunas veces acabar en situaciones que poco o nada dicen de la humanidad. Un ejemplo de esto, no tan lejano en el tiempo, es la facilidad con la que el nazismo convirtió a una gran parte de alemanes en xenófobos, hasta permitir lo que ya todos conocemos.

 

 

Un ejemplo aplicable a cualquier fenómeno de masas que compartiendo unas mismas creencias acaban recurriendo a la violencia para, más que nada, defender su percepción de la realidad. El cómo se puede llegar a esto, bueno tiene que ver muchas veces, con el quien sale beneficiado. Siempre habrá quién merced a discursos populistas manipule a la población para que ésta reaccione ante determinadas situaciones y estímulos, magnificando los conflictos, para que en una concatenación de hechos previsible, el resultado de la misma le provea de una mejora substancial en su situación personal. Algo digno de tener en cuenta, pero que no es el motivo central de este post.


El caso es que normalmente nuestras creencias tienden a chocar frontalmente con otras, evidentemente erróneas (para nosotros), ya que nuestra percepción de la realidad evidencia que no estamos equivocados. En el marco de la política suele ser más que palpable cómo estas creencias son sostenidas por millones de personas, cuando quienes se encuentran en la facción opuesta asisten a la escenificación de una manipulación y engaño que lleva a millones de futuros votantes a elegir a opciones políticas que con el tiempo van a atentar contra sus más básicos intereses y necesidades.

 

 

En muchas páginas, son habituales las discusiones en torno a cualquier tema, Ronaldo-Messi, “política, Oriente Medio, religión… Quien entra “a saco” en estas discusiones está convencido de defender “una causa justa” y muchas veces recurre al insulto y a las “evidencias” de que la otra opción está equivocada. Si para sostener nuestro discurso hemos de insultar o criticar a la opción opuesta o carecemos de capacidad de debate, o tan sólo creemos en un discurso que alguien preparó (no siendo capaces de defenderlo, ya que no emana de nuestra experiencia) o nuestras creencias son insostenibles en cualquier sentido.

 

Entre otras causas de las “justas defensas de nuestras creencias” está la ausencia de un pensamiento crítico en nuestra educación. Somos educados en la continua repetición de lo que nos dicen. Normalmente no queda lugar para la duda de la verosimilitud de lo que la sociedad nos impone merced a un acuerdo colectivo, elaborado según los intereses de quienes tienen la capacidad de diseñar las verdades del momento.

En el caso de las diferencias políticas, para servir de ejemplo, normalmente partimos de un par de bandos enfrentados que cuentan con el apoyo de una serie de medios de comunicación (en algún tiempo el periodismo fue investigación) que se especializan en “ver la paja en el ojo ajeno”, medios que intencionadamente dan una versión sesgada de la situación para fortalecer un discurso concreto y reforzar las “justas creencias” de quienes no son capaces de informarse objetivamente. Si aparece en un noticiero, tendemos a dar el valor de verdad irrefutable a la información que recibimos, siendo usual que tan sólo recurramos a las fuentes que refuerzan nuestras ideologías/creencias.

No somos educados en la duda, nadie que nos provea de un marco de creencias nos dice que vayamos donde nos ofrecen lo contrario para informarnos, para por nosotros mismos ser capaces de dar forma y elaborar las nuestras propias. Nos lo explican todo desde una posición de verdad absoluta que por su misma existencia niega cualquier otra posibilidad. No nos ofrecen unas creencias inclusivas, todas son excluyentes, no puedes creer en “esto y lo otro” a la vez… o “estás conmigo o contra mí”. El pensamiento crítico más eficiente, empieza por cuestionar las propias creencias.

 

 

Quizá deberíamos empezar por revisar nuestras propias creencias, investigar si quienes las refuerzan con discursos sacan algún beneficio personal de nuestro apoyo. Informarnos de las “otras verdades” que colisionan con las nuestras, no a través de quienes desde nuestro “bando” nos las explican, si no desde las fuentes originales. Este es un mundo complejo, complejo en cuanto a los humanos se refiere, el resto funciona maravillosamente, crece, se expande. Nosotros tendemos a lo contrario, a estancarnos en creencias conflictivas, rara vez somos capaces de hacer un cambio y cuando lo hacemos normalmente es para aferrarnos a una nueva verdad absoluta.

 

 

Ahora os dejo con el texto que da título al post (fuente), una idea que yo he sacado del marco de las creencias religiosas para adaptarlo a una forma de entender que nuestras creencias (y deseos, que daría para otro extenso post) cambian nuestra percepción del entorno.

 

Un abrazo, Nando.

 

La religión condiciona la percepción visual


La religión en la que hemos sido educados condiciona nuestra manera de percibir los estímulos visuales, señala una investigación de la Universidad de Leiden. Así, en función de los entornos religiosos que habiten, los individuos se fijarán más en las características globales o en los detalles de cada imagen que vean. Esta constatación implica que la práctica religiosa tiene un impacto medible y duradero en los procesos de atención, como otros condicionamientos culturales. El descubrimiento podría ayudar asimismo a comprender el papel de los sistemas de creencias en los conflictos interpersonales e interculturales.

La religión en la que hemos sido educados condiciona nuestra manera de percibir los estímulos visuales, sugieren los resultados de una investigación realizada por científicos de la Universidad de Leiden, en los Países Bajos.

Anteriormente, diversos estudios habían demostrado que las experiencias culturales (los ámbitos culturales en los que nos desarrollamos) pueden afectar en un sentido amplio nuestra percepción y atención.

Por ejemplo, en 2001, un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Michigan, en Estados Unidos, demostró que las personas criadas en entornos culturales asiáticos presentaban un estilo perceptivo más holístico (eran más sensibles a las características globales que a las locales de objetos o escenas visuales) que las personas criadas en el ámbito cultural de Norteamérica.

Pruebas realizadas:

Lorenza Colzato, psicólogo cognitiva de la Universidad de Leiden, y sus colaboradores, realizaron una serie de experimentos con personas inmersas en diversas tradiciones religiosas y con personas ateas o de educación laica, para comprender hasta qué punto el contexto religioso podía afectar a la percepción visual.

En dichos experimentos se realizaron una serie de pruebas que consistieron, esencialmente, en mostrar a los participantes un cuadrado o un rectángulo que, a su vez, estaban compuestos por pequeños cuadrados y rectángulos.

Los voluntarios analizados debían distinguir bien las figuras grandes que contenían a las demás bien los componentes menores que conformaban dichas figuras.

Por un lado, los científicos compararon la percepción visual de un grupo de estudiantes alemanes cristianos calvinistas conservadores y liberales (el calvinismo es un sistema teológico cristiano y una actitud hacia la vida cristiana que pone el énfasis en la autoridad de Dios sobre todas las cosas) con un grupo similar de estudiantes ateos. En total fueron analizadas 72 personas.

En este caso, se constató que los calvinistas se fijaban más en los detalles, al menos en comparación con los ateos. Esta predisposición al detalle fue evidente incluso entre aquellos calvinistas actualmente menos creyentes (calvinistas liberales), lo que indica que la percepción queda condicionada por el tipo de educación religiosa que se recibe en la infancia.

Por otro lado, en otra prueba se compararon las percepciones visuales de un grupo de 36 adultos jóvenes italianos de educación católica romana o de educación laica, con las de un grupo de 36 adultos jóvenes judíos ortodoxos o seculares de Israel.

El efecto constatado en esta ocasión fue el contrario que en el caso anterior: los religiosos fueron menos detallistas que los ateos, y se centraron más en la figura mayor que en las pequeñas.

Formas de mirar el mundo:

Según explican los investigadores de la Universidad de Leiden en un artículo publicado por la revista Cognition, la religión ha sido comúnmente definida como un conjunto de reglas, desarrolladas dentro de cada cultura particular, que proporcionan la sensación de vivir con un sentido y un marco que conforma las vidas y pensamientos de sus seguidores.
Los resultados obtenidos demuestran que, dependiendo de cómo sea dicho marco, la percepción visual se desarrolla de una manera u otra. En el caso de los calvinistas, se produce una percepción de lo global significativamente reducida. Por el contrario, este tipo de percepción más global está acentuada en las personas católicas y judías.

Colzato cree que estas diferencias sugieren que las diversas culturas religiosas afectan la forma en que miramos el mundo. De este modo, una religiosidad que fomente el individualismo y recompense el comportamiento “correcto” (como el calvinismo) propiciará una percepción más centrada en lo local, y que por el contrario ignore el entorno, de mayor amplitud.

Por el contrario, una religión que ponga el énfasis en lo colectivo y en la responsabilidad social (como el judaísmo o el catolicismo), por el contrario, favorecerá la percepción de lo general.

Otras conclusiones sacadas a partir de los resultados obtenidos fueron las siguientes: que los efectos de la religión en la forma de percibir estímulos visuales es de larga duración (condiciona incluso a personas no religiosas en la actualidad, pero que han sido criadas en un entorno religioso concreto), y que la extensión de dichos efectos varía en función del grado de severidad de las prácticas religiosas.

Comprender la percepción ajena:

Las constataciones realizadas son importantes y tienen implicaciones relevantes al menos en dos sentidos, explican los investigadores en su artículo. En primer lugar, sugieren que la práctica religiosa tiene un impacto medible y duradero en los procesos de atención.

En segundo lugar, conocer las características de dicho impacto podría servir para comprender el papel de los sistemas de creencias en los conflictos interpersonales e interculturales.

Aunque el presente estudio ha estado limitado concretamente a la percepción de los estímulos visuales, se sabe que la propensión a la atención de atributos bien globales bien locales puede causar interpretaciones diversas del mundo.

Estas divergencias pueden condicionar la comunicación entre personas de orígenes religiosos distintos, sobre todo si es cierto que la religión puede impactar sobre muchos más parámetros cognitivos de los investigados en el presente estudio.

En la medida en que no se tenga una comprensión clara de cuáles parámetros se ven afectados y cómo éstos nos condicionan, será difícil resolver o evitar los malentendidos que puedan darse, en el presente o en el futuro, entre comunidades e individuos de distintas religiones, afirman los investigadores.

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