La herencia recibida.

   Haciéndome eco de la “popular” frase, me gustaría compartir este análisis personal de nuestras relaciones con el entorno, la sociedad y la vida.

   En algún momento de nuestro desarrollo como personas, comenzamos a aceptar parte de la información que se nos ofrece como verdadera, generalmente la única verdadera, y junto con esta información y el marco social, cultural y territorial en el que nos desarrollamos asumimos una realidad.  Normalmente asumimos esta realidad como inmutable, tanto la sociedad, como la cultura y el territorio, "son el que son" y no pueden ser de otra manera y por activa o por pasiva, nos convertimos en defensores de esta realidad o de algunos de sus aspectos.

   Este post lo escribo ha raíz de la actualidad en España, donde una vez más una parte de sus habitantes sueñan con la independencia, mientras otros se rasgan las vestiduras por la ruptura de la unidad nacional. Quienes defienden a ultranza la unidad territorial, dan por sentado que la única España posible es de 504.782 km2 de superficie, como si a lo largo de la "gloriosa" historia de este país esa hubiera sido siempre su superficie.

   Cuando tan sólo la religión era el vehículo para explicar la relación con el entorno, sus "cabecillas" optaron por la vía del miedo en vez de la vía de la comprensión para entender (en la medida de lo que era posible) nuestras relaciones. En vez de acercarnos a una mejor comprensión de la vida, nos alejaron. Siglos después llegó la ciencia que, a grandes rasgos, entre sus mayores "logros" cuenta con el que podríamos llamar la "cosificación" de la vida. Según ella, todo es susceptible de reducirse a átomos que interactúan entre ellos (no lo dudo), pero en este apasionante viaje de investigación se han olvidado de que todo vive. Como resultado de ello analizamos la vida y nuestras relaciones como cosas inertes, carentes de vida y por ende incapaces de evolucionar. Tanto el planeta, como los vegetales y animales han sido "cosificados" hasta el punto de que su explotación no nos causa conflicto alguno. Algo aplicable también a las sociedad, la cual ha dejado de estar formada por personas para estar analizada y explicada en concepto de colectivos, naciones, nacionalidades, culturas, religiones…

   En todo este proceso hemos olvidado la capacidad de relacionarnos como seres vivos para, perdiendo nuestra principal característica, nos relacionemos con un mundo de cosas. Y puede que seamos la única especie inteligente del planeta, lo cual lejos de otorgarnos una carta blanca para hacer y deshacer a nuestro antojo en una vorágine destructiva, nos da una mayor responsabilidad para facilitar la convivencia en el mismo.

   Bueno, el caso es que en este proceso de "cosificación" le ha llegado su turno a la cultura, los países, las creencias, las relaciones sociales… todo está vivo, crece, se desarrolla. Nada de lo que conocemos en este marco ha sido así "por los siglos de los siglos", al contrario, nuestras diferentes culturas, países y creencias son como son por un largo proceso de mutación, mezcla y desarrollo, por más que le pese a quienes a lo largo de la historia han decidido que las cosas debían ser "como siempre habían sido", es decir, como las habían conocido. Pretender mantener un país, una cultura, una sociedad, un conjunto de creencias, inamovibles, es un intento de alejarlas de su natural evolución, algo imposible, porque siempre hay una realidad más compleja de la que nosotros sostenemos, con mucha más fuerza. Si hay algo que he aprendido de las crisis personales, sociales y de las "catástrofes naturales", es que nuestra "inteligencia" tiende ha dar por sentado que las cosas son y serán de una determinada manera. Nuestra casa, nuestro trabajo, nuestra ciudad, nuestra vida… hasta que un día una nueva situación social, un temblor de tierra, arruina todo en cuestión de segundos… nuestra realidad ha sido superada por otra a la que no tenemos en cuenta. Simplemente actuamos dando por sentado  que nada de lo que no existe en nuestra (miope) realidad, va a influir en nuestra vida.

   Nuestra inteligencia no nos capacita para controlar todo lo que nos rodea, nos capacita para intentar comprender y colaborar con el desarrollo natural de la vida, de las sociedades, de las relaciones, nada de lo que hemos creado los humanos es imperecedero, mientras, este planeta sigue girando, alentando la vida y su desarrollo pese a nuestra creencia de tener todo controlado.

Un abrazo, Nando

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Publicado el 24/09/2012 en CONCIENCIA GLOBAL. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. inteligencia significa la posibilidad de saber elegir

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