Cómo desmontar una pirámide.

  

   Durante siglos la sociedad ha estado estructurada piramidalmente. Esto se ha mantenido así, entre otras cosas, porque hemos aceptado que lo realmente importante de la pirámide es la cúspide. Esta situación se ha dado porque quienes se sitúan en los niveles más altos de la misma, han fomentado la división y el miedo entre quienes nos encontramos el nivel más bajo de esta sociedad.

   El engañoso “estado del bienestar” ha fomentado el espejismo de que era posible subir de nivel dentro de esta pirámide, mejorando nuestra situación y la de nuestra descendencia. La actual situación socioeconómica facilita enormemente el saber en que nivel de esta pirámide nos encontramos. Con tan sólo algunas preguntas del tipo “¿soy de los que ganan o pierden con esta crisis?” o ”¿en caso de guerra soy yo o mis hijos uno de los que va a ir a morir por causa de las desavenencias/intereses de los gobernantes de dos países?”.

   En las sociedades más desarrolladas (“capitalistamente” hablando), hemos creído que éramos nuevos ricos y nos hemos comportado como tales. Salíamos de cena a restaurantes, íbamos a actos culturales, nos paseábamos en magníficos coches, teníamos unas magníficas televisiones que había que subir por piezas a nuestro piso porque no entraban por la puerta… Maravilloso. Pero todo esto no nos ha hecho subir de nivel. Quienes se encuentran tan sólo un poco más arriba de esta pirámide no van a los mismos restaurantes y fiestas que nosotros. Nuestros coches parecen baratijas al lado de los suyos. Ellos se pasean en jets privados, veranean en lujosos yates y muy difícilmente llegaremos a verles cara a cara alguna vez.

 

   Dicho esto, creo que la solución al dilema está clara. La pirámide se mantiene mientras sigamos pensando que la parte importante es la superior. Tenemos que tomar conciencia de que quienes la sostienen somos quienes nos encontramos en su base. Que nuestra actitud determina la permanencia de esta estructura. Que mientras sigamos hipnotizados por su distribución , pensando que sí que podemos subir de nivel, seguiremos siendo útiles para su existencia. Que mientras veamos a quien está a nuestro lado como un enemigo o un competidor favorecemos a quienes tienen interés en que nada cambie. Que mientras nuestras inquietudes como sociedad se limiten a demandar medidas que hagan más llevadera esta carga, seguiremos siendo los tontos útiles que la hacen posible.

   En un mundo globalizado donde cada vez es más evidente que los gobiernos se pliegan a las necesidades de las grandes empresas, pensar que el derecho a voto es la herramienta que puede cambiar algo es una ilusión. Si en verdad son estas grandes corporaciones quienes orquestan los grandes flujos geopolíticos y sociales, les dará igual a quien votemos. Lo importante no es el voto, es el consumo.

   Todas las leyes electorales en el mundo están diseñadas para que siempre gane uno de los que se alternan continuamente en el poder. Ninguna ley contempla la ausencia de votos como algo a tener en cuenta, siempre se van a rellenar todos los asientos de los parlamentos… y ninguna de las alternativas políticas que existen proponen que esto deje de ser así. ¿Son entonces alternativas válidas para poder cambiar esta situación? Podemos seguir votando hasta la eternidad, la pirámide agradece nuestra colaboración.

   Pero si de alguna manera sostenemos esta pirámide es como consumidores. La sostenemos con nuestros impuestos, con nuestra productividad. Y cuanto más se perpetúa nuestra sensación de carencia, más la fortalecemos. Lo importante no es la cantidad de dinero, al fin y al cabo, nosotros le otorgamos el valor que tiene. Lo importante es la unión. Y quienes se encuentran en la cúspide están unidos y de acuerdo, normal, les va  muy bien. En cambio a los que peor nos va, nos pasamos la vida discutiendo en torno a qué millonario queremos que gobierne, qué multinacional de la verdad única tiene la razón o qué grupo de multimillonarios corriendo detrás de una pelota es el mejor del mundo.

   Mi propuesta de “despiramidización“ es sencilla. Cambiar competencia por colaboración como herramienta de cohesión social. Si nuestra actitud fomenta la división nunca saldremos beneficiados. El resto vendrá solo. 

Un abrazo, Nando

PD: no pretendo dar lecciones, ni salvar a nadie, tan sólo son reflexiones que surgen al hilo de los acontecimientos. Reflexiones en las que creo porque el hilo de mi vida me ha traído hasta aquí. Simplemente las comparto para que cada quien aproveche lo que le sea útil, si es que algo le sirve, igual que las reflexiones de otros me han sido útiles a mi. Compartiendo nos enriquecemos.

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Publicado el 27/07/2012 en CONCIENCIA GLOBAL. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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