Triste, pero cierto

 

   Hasta hace no mucho, nuestra sociedad se ha caracterizado por la ausencia de un pensamiento crítico. Existía una verdad única e incuestionable, diferente en cada región país y/o comunidad religiosa, controlada y publicitada por el mandatario de turno.Quizá el primer intento de cambiar las creencias y límites se produjo en el momento en que la iglesia empezó a perder poder en beneficio de la ciencia. Aún así, casi todas las sociedades y más aún las sometidas a dictaduras, no han podido disfrutar de una elección de información libre, si no que ésta ha sido suministrada por los gobernantes y publicitada por los medios de comunicación tradicionales.

   Pero llegó internet, y con ella las verdades no oficiales. Tras los atentados del 11-s, se abrió un nuevo mundo de información alternativa y mucha gente empezó a darse cuenta de que todas las “verdades oficiales” responden al interés personal de quien las crea y publicita. Gracias a esta crisis económica empezamos a ver que el mundo no es gobernado por una democracia real, que las leyes electorales de los países están al servicio de dos únicos partidos, normalmente llamados de “izquierda y derecha” que se alternan continuamente.

   Esta dualidad izquierda-derecha es completamente artificial y su único fin es favorecer la división de quienes tienen el derecho de escoger a los que gobiernan. Esta magnífica distracción nos hace ver enemigos donde no los hay, impidiendo que seamos conscientes de que quienes arruinan países, gente y sociedades no son los del “bando opuesto”, si no quienes siempre van a sacar provecho independientemente de quien gobierne.
La sociedad no se divide en izquierda o derecha, creyentes o no creyentes, blancos o negros, etc… si no entre quienes poseen lujosos yates, mansiones y jets privados y los privados de casi todo excepto de un mísero trabajo que cada vez proporciona menos dinero.

   Afortunadamente mucha gente empieza a ser consciente de esta situación, empiezan a “apostatar” de sus creencias políticas por las que antes discutían hasta con sus familiares cercanos aprovechando cualquier evento familiar. Empezamos a ver que el que hasta ahora era víctima de nuestros iracundos razonamientos, es lo mismos que nosotros, un voto que tan sólo sirve para escoger tu verdugo en un concurso de popularidad cada cuatro años.

   Yo puedo hablar de España, que es el país donde nací. Quiero comentar que en mi país aún queda gente que siendo de la clase obrera, tilda de radical de izquierdas a quién no piensa como él. Que le da más importancia a un odio que alguien se inventó hace mucho, que a sus propios problemas económicos. Que no le importa que su país se vaya a la mierda, mientras sea la derecha quién haga las leyes. Que da más legitimidad a 10´5 millones de votos que a 24 millones de votantes (PP 10,5 millones de votos de 36 millones de votantes, ¿es una mayoría absoluta especialmente para un momento de crisis? ). Que dice que los que protestamos es porque no han ganado los socialistas (maldita sea la falta que hacía tener que volver a aguantarles) y que lo que tenemos es ganas de volver a la guerra civil.

   Pues es así de triste, odiamos más fácilmente a quien tiene nuestros mismos problemas que a quien los crea. Esta gente dinamita su mismo nivel social, como si los que mandan les fueran a invitar a pasar un verano con ellos en su chalet, o a ir un día de cena a restaurantes que ni sospechan que existen. El verdadero enemigo no vive entre nosotros. ¿Cuántos de nosotros vemos a un privilegiado de estos alguna vez? Quizá quienes les cuidan los hijos y les limpian la casa. Los policías, hijos de obreros, actúan de guardaespaldas del poder establecido, pasando por encima de quien ose protestar. Los jueces normalmente les indultan. Esto sucede en España.

   Y por eso me sorprende que en pleno siglo 21, con multitud de herramientas para informarnos y saber de qué va la cosa, aún quede gente tanto en España como en otros países que odian a quienes son como ellos, sin preocuparse de quienes son los que realmente manipulan y perjudican a la sociedad.
Con respecto a Sudamérica cada vez que hay un comentario sobre España sale a relucir un odio que se remonta a 500 años. Nos tachan a quienes somos descendientes de un pueblo oprimido por el poder y la Iglesia de haber aniquilado a no sé cuanta gente. Y basan su odio en ello. Sólo tengo que decirles que mi familia no fue a Sudamérica hace 500 años. Que posiblemente, muchos de ellos sean descendientes de quienes sí lo hicieron. Que si saber que un antepasado suyo se dedicó a la matanza indiscriminada de indígenas para quitarles sus riquezas y dárselas a los nobles y a la Iglesia, les crea algún trauma, no es mi problema ni tengo porqué aguantar insultos. Que su país ya ha pasado por algo parecido a lo que nosotros pasamos y que nadie se rió de ellos. Que las normas de acceso al país no las hacemos los votantes, de ello se encargan una serie de incompetentes, tanto da que se adornen con gaviotas que con rosas. Que quienes muestran una actitud xenófoba con quienes son originarios de Sudamérica y otros lugares, son los mismos que odian a catalanes, vascos y a cualquiera que no vaya a misa los domingos y alce la mano derecha con cualquier escusa. Y quiero que sepan que tienen la misma mentalidad que estos últimos. Que su odio a sus semejantes los hace seres inútiles para crear una sociedad más justa, que a quien benefician es a quien cobra una cifra inmoral cada fin de mes, gracias al empobrecimiento y/o esclavitud de quienes son como ellos.

   No voy a pedir a nadie que cambie de manera de pensar, pero sí me gustaría que reflexione y que lo que defienda lo haga porque sus propios razonamientos le han llevado a ello. Que piense si lo que aparece en los medios de comunicación masivos es porque alguien va a sacar provecho de ello. Y que piense en a quien beneficia con su odio.

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Un abrazo, Nando

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Publicado el 25/07/2012 en CONCIENCIA GLOBAL. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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